La Música en el Perú - La percepción como negocio dentro del mercado

23 enero

Articulo: # 6
Fuente: Revista OW
Edición: V
Año: 2015

LA INDUSTRIA DE LA MÚSICA EN NUESTRO PAÍS HA VENIDO DANDO PASOS IMPORTANTES EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, TANTO EN LA PRODUCCIÓN,DISTRIBUCIÓN Y, SOBRE TODO, EN EL CONSUMO.

Siendo una industria joven, comparada a la de otros países latinoamericanos como Chile, Argentina, México y Brasil, tenemos desorganización; leyes no muy claras o falta de ellas que regulen o protejan el producto musical; informalidad; precios no estandarizados, etc. Esto es típico de una industria aún en formación que seguro irá tomando forma y características más sólidas con el tiempo. Pero como fuere, tenemos industria y una industria no nace si no hay mercado y un día el mercado potencial de la música en el Perú apareció de una forma extraña.

La llegada de la piratería a finales de los noventa, tuvo como impacto no solo la caída del negocio de las disqueras, sino que también posicionó el precio de la música en nuestro público; es decir, un gran mercado nació con la idea de que la música casi no cuesta. Según INDECOPI, en el año 2005, la venta ilícita de fonogramas alcanzó casi 98%, o sea solo un 2% compró Cd y cassette originales, lo que fue el índice más alto de piratería alcanzado hasta ahora. Tenemos un mercado muy reacio a pagar por la música (Cd). Habría que buscar otros medios más rentables.

Según un estudio de la empresa encuestadora GFK, realizado en diciembre del año 2015, 9 de cada 10 peruanos escucha música con frecuencia, o sea, hay demanda. Según GFK el 84% usa la radio como medio para escuchar música; le sigue el celular con 32%, los Cd con 10% y la computadora, por medio del streaming y/o mp3, cada uno con 9%. Solo un 1% utiliza cassette y 4% otros medios. Otro dato interesante es que el género musical que más prefieren los peruanos es el huayno con un 19%. Lo sigue la cumbia con 18%, las baladas románticas con 15% y la salsa con 10% y el rock en español e inglés con un 9%. La música criolla, el reggaetón y la chicha cada uno con 4%. También, es interesante que el otro 18% prefiere otros géneros (bachata, clásica, pop en inglés, pop en español, merengue, hip hop, electrónica, rock progresivo, reggae, festejo, metal, saya, trova, jazz, punk, blues, otros).

Podemos decir que nuestro creciente mercado musical tiene a la radio como primera referencia musical en el Perú, duélale a quien le duela, la cual, además, es gratis. Necesitamos saber utilizar esta información para hacer de la música un producto rentable.

La complicación llega cuando “mejor” significa “me gusta más”. Un caso ejemplar es el de los amplificadores de guitarra. Un buen amplificador puede haber sido diseñado para ser sumamente fiel, es decir, representar sin distorsiones la señal que se le ha entregado. Sin embargo, el guitarrista querrá llevarlo al terreno de la distorsión, porque así “suena mejor”. En el mundo analógico hay gran cantidad de equipos (y formas de “abusar” de estos equipos) que de una u otra manera distorsionan la señal para darle cierto “carácter”, cierta “coloración” que contribuye al concepto de la producción que se está trabajando. Geoff Emerick cuenta en su libro, El Sonido de los Beatles – memorias de su ingeniero de grabación, cómo hacía distorsionar ligeramente los preamplificadores de la consola que usaba para registrar la voz de John Lennon y así darle cierto carácter tenso. Estos equipos y técnicas representan el lado artístico de nuestra profesión.

Pero, ¿Qué hay de los DAW? ¿Es posible decir que una señal (o, en este caso, un archivo de audio digital) sonará mejor siendo reproducida por un cierto DAW que por otro? Esta pregunta también genera discusiones largas y apasionadas en las redes sociales y foros dedicados al audio. Hay quienes afirman que todos los DAW suenan igual. Hay quienes afirman que cada DAW tiene su propio sonido basado en intrincados algoritmos de suma de señales, y que el DAW supremo es el que ellos usan. Basta con darse una vuelta por Google y buscar ¿Qué DAW suena mejor? para encontrar todas estas opiniones y posiciones. Pero ¿cuál es la verdad? Para llegar a ella hay que primero repasar un poco los conceptos básicos del audio digital y luego entender cómo funciona un DAW en su etapa de mezcla.

El audio digital no es otra cosa que una colección de números que representan las amplitudes instantáneas de lo que antes fue un voltaje continuo. En un archivo de audio se encuentra entonces una enorme cantidad de números, cada uno de ellos representando la amplitud de la señal original en instantes específicos en el tiempo. ¿Cuántos números hay en un archivo de audio? Pues dependerá de la frecuencia de muestreo utilizada. Al trabajar en calidad de CD tendremos 44100 números por cada segundo por canal de audio. A estos números les llamaremos muestras.

Si trabajamos en una producción musical en nuestro DAW tendremos varias pistas de audio, cada una de ellas dedicada a cierto instrumento de la pieza que se está trabajando. Cada pista de audio es, en realidad, la representación visual de los contenidos del archivo de audio digital correspondiente. En otras palabras, en cada pista de audio tenemos los números (las muestras) que representan al audio original. Cuando nuestra señal pasa por los ecualizadores o los faders de la consola virtual de nuestro DAW en realidad se está produciendo un procesamiento matemático de los valores de nuestras muestras. Parafraseando una escena de la película Matrix: “La realidad es que no hay ningún fader”. Pasar la señal por lo que se ve en pantalla como un fader es, en realidad, multiplicar los valores de nuestras muestras por un cierto factor. Si el fader está en el punto de 0db (es decir, ni atenuando ni amplificando) nuestras muestras se multiplican por uno. El valor no cambia. La amplitud no cambia. El audio no cambia. Fidelidad total. Al bajar un fader, se multiplica el valor de nuestras muestras por algún valor menor a uno, dependiendo de la posición del fader. En el punto de -6.02db, las muestras se están multiplicando por 0.5. En cualquier fader a -6.02db. En cualquier DAW.

¿Y en la etapa de mezcla, cuando las señales se suman? Justamente ocurre eso: una suma. Cuando se mezclan las señales de las diferentes pistas del DAW lo que se hace es sumar los valores de cada muestra para cada instante en el tiempo. Si una muestra de la pista de un bajo tiene el valor 0.3, y la muestra de batería del mismo instante tiene un valor de 0.2, el resultado de la mezcla de esas dos pistas, en ese punto del tiempo, será de 0.5. Porque 0.3 + 0.2 = 0.5. Entonces, si mezclar señales en un DAW (dejando de lado el uso de plugins y centrándonos tan solo en el hecho de mezclar señales) es tan solo sumar valores, ¿tiene sentido decir que un DAW produce mezclas que suenan mejor que otro? En mi opinión, no. Pero como mi opinión no puede servir de base para zanjar una cuestión tan importante (recuerden los resultados de la búsqueda de Google) decidí llevar a cabo un pequeño experimento.

EL NEGOCIO

Entendemos que en la industria de la música existen dos grandes rubros: la industria musical y la industria del sonido; no hay más. Necesitamos entender bien esto para saber en qué rubro nos vamos a especializar y no ofrecer lo que en el fondo no estamos brindando como servicio o producto.

La industria musical son todas actividades comerciales relacionadas entre sí para poder brindar ENTRETENIMIENTO; es decir, nuestro producto musical deberá tener un objetivo de “aceptación” dentro de un mercado especifico, lo que será reflejado en el consumo de: música, eventos, conciertos, souvenirs, video clips, etc. Los negocios más representativos dentro de este rubro serían las disqueras (casi desaparecidas en el Perú), productoras musicales, los artistas, agrupaciones independientes (bandas, orquestas, etc), el marketing y promoción musical (managers, promotores de eventos, etc). Todas sin excepción ofrecen en realidad ENTRETENIEMIENTO. La industria del sonido, por otro lado, es la suma del recurso personal y técnico para brindar CALIDAD DE AUDIO. Es decir, en este rubro no medimos el valor comercial del producto musical, simplemente se trata de que suene bien. Los negocios más representativos de este rubro serían los estudios de grabación, salas de ensayo, alquiler de audio profesional (refuerzo sonoro), asesoría acústica (para empresas de diseño y construcción), etc.

Parece sencillo, pero muchas veces caemos en la confusión de no saber en qué rubro estamos colocando nuestro negocio y qué es realmente lo que estamos ofreciendo; por ejemplo, si tenemos nuestro estudio de grabación y lo promocionamos como el lugar donde tus canciones serán el ultimo hit del verano, se creara confusión entre tus clientes, pues llegará el artista que grabe en tu estudio y obtendrá una canción técnicamente perfecta, pero seguro sin los objetivos comerciales deseados; tal vez, en realidad buscaba un productor musical que haga de su canción el hit que esperaba. O podría darse la sala de ensayo que se ve espectacular, cómoda, espaciosa, bien decorada, pero sin ningún tratamiento acústico. Es posible que pasada la emoción inicial, al término del ensayo el cliente salga con la idea que no obtuvo lo más importante: que el ensayo suene ¡bien!.

Ninguno de estos rubros es excluyente del otro; es decir no se puede afirmar: “Solo ofrezco calidad de audio” o “Solo ofrezco entretenimiento”. También, es válida la diversidad de servicios si es que en realidad estamos en condiciones de brindarlos, pero como un beneficio complementario. Es muy importante definir nuestro rubro. Tu estudio se debe vender por la calidad técnica de grabación, mezcla y masterización (lo que sea que vayas a grabar ahí). Muy aparte, puedes tener tu staff de productores musicales que puedan trabajar en la música del cliente si este lo requiere. Igual la sala de ensayo puede tener el último grito de la moda en decoración siempre y cuando ANTES de eso hayas trabajado en el sonido de esta. Es importante también no caer en la confusión de cliente o consumidor de acuerdo al rubro en que estamos. El cliente es aquel que compra y el consumidor es el que hace uso del producto o servicio. No siempre son los mismos. En la industria musical (de entretenimiento), será el público objetivo quien compre y consuma el producto (la canción, el concierto, el evento, etc.). En la industria del sonido (calidad de audio), nuestro cliente, por lo general, será el artista, la banda, la orquesta, la empresa corporativa, empresa de eventos, etc. quien pague por nuestros servicios (cliente) para que ellos, a su vez, trasladen esto a su público determinado (consumidores).

Cabe destacar que estas dos visiones del mercado y negocio son las que se aprecian en números, estadísticas y percepciones. El análisis seguro es mucho más profundo, pero en mi percepción con esto es suficiente para saber cómo venderles música a los peruanos. ¿Qué es primero: la calidad de audio o el entretenimiento?, En algunos segmentos, la calidad auditiva prima sobre el entretenimiento, o sea prefiero escuchar mil veces algo bien grabado que lo que me gusta en baja calidad.

Pero el estudio de GFK nos dice que la mayoría de los peruanos antepone el entretenimiento ante la calidad técnica. Claro, esto no es malo; al menos por un lado, se está consumiendo música; lo cierto, también, es que la calidad técnica ha ido mejorando mucho en los últimos años y esto ha servido para que el oído del público en general se vaya “educando” y, hoy en día, encuentren diferencias entre una canción en mp3 y la misma canción en formato original. Hoy, el mercado ya tiene los medios económicos para poder acceder a la música de su banda u orquesta favorita pagando un poco más por la calidad técnica. De igual forma, en los eventos musicales, como conciertos, etc.; se ha ido dejando de lado la informalidad del manejo del sonido para dárselo a los profesionales que, por cierto, también han crecido mucho en cantidad y calidad de trabajo, así como también en equipos de audio que poseen.

en conclusión

El mercado y el negocio se están “educando” mutuamente. Ambos tienen que aprender del otro. Los mercados son cambiantes también, y el negocio debe estar preparado para siempre cubrir las necesidades, además de CREAR la necesidad de tener un producto musical bueno tanto en entretenimiento como en calidad de audio. Empezamos desfasados, pero, poco a poco, iremos encontrando el equilibrio. Es la mayor labor en la que estamos involucrados.