La Improvisación en el Jazz

23 enero

Articulo: # 9
Fuente: Revista OW
Edición: V
Año: 2015

Por Moisés Anglas - Profesor del Instituto Superior Orson Welles

La improvisación en el jazz tiene otra concepción diferente a la de la música clásica. Una improvisación en una cadencia romántica, o una ornamentación barroca, etc, está basada en el principio de “fidelidad a la obra”, uno improvisa imitando el modo cómo lo habría hecho el compositor en su época. En el jazz, la premisa es otra: el intérprete tiene una total libertad para improvisar como quiera sobre una estructura armónica y rítmica dada. Actualmente, se trata de desarrollar la improvisación de jazz desde una base clásica. Muchos desestimaron este concepto en el jazz; sin embargo, los resultados que se observan luego de haber tenido una base clásica por la dificultad de las obras, muestran que se desarrolla una técnica y una agilidad a las manos del intérprete.

En mi experiencia personal, puedo afirmar que el haber estudiado la música clásica por quince años de mi vida, me permitió el desarrollo de mi agilidad mental, independencia en cada mano, fraseo, lectura a primera vista, etc; lo cual me dio una facilidad para entender y así improvisar el jazz. Asimismo, muchas veces se quiere entender el concepto de improvisación desligándolo del concepto de la armonía, no obstante, la armonía es fundamental y es pieza clave para una estructura musical en todo sentido de la palabra, porque armonía es mucho más que sólo una estructura. Entonces, se puede concluir que tanto la música clásica como la armonía funcional, son herramientas claves para ser un buen ejecutor de la improvisación. No quiero terminar este pequeño artículo sin dejar un pensamiento: “improvisar es aprender a pensar”.

En primer lugar, se debe tener en cuenta que la improvisación, a pesar de ser una de las principales características definitorias del jazz, no es un rasgo exclusivo del mismo. Ya hace 200 años, antepasados iban a ver improvisar a Buxtehude, Böhm, Pachelberg. También, posteriormente, oían improvisar a Beethoven, Thalberg o Clementi, e, incluso en el siglo XIX, los concertistas improvisaban unas cadencias que muchos de los actuales solistas de jazz admiran por su fraseo y estructura.